





El injerto capilar es un procedimiento médico que consiste en trasladar folículos pilosos de la zona donante del paciente, normalmente situada en la parte posterior de la cabeza, hacia las áreas afectadas por la alopecia. Este tratamiento permite recuperar el cabello de forma permanente utilizando el propio folículo del paciente, logrando resultados naturales y progresivos.
Tras el trasplante capilar, el cabello injertado suele entrar en una fase de reposo durante las primeras semanas. El nuevo crecimiento comienza generalmente entre el tercer y cuarto mes, mientras que los resultados más visibles aparecen entre los seis y doce meses, cuando el cabello trasplantado alcanza mayor densidad y grosor.
Sí, cuando el procedimiento se realiza correctamente el resultado es completamente natural. Los folículos se implantan respetando la dirección, el ángulo y la densidad natural del crecimiento del cabello, lo que permite que el cabello trasplantado se integre con el existente sin diferencias visibles.
El injerto capilar está indicado para personas que presentan pérdida de cabello o alopecia y que cuentan con una zona donante adecuada. Antes del tratamiento se realiza una valoración médica para analizar el patrón de pérdida capilar, la calidad del cabello y determinar si el paciente es candidato al procedimiento.
El procedimiento se realiza con anestesia local, por lo que el paciente no siente dolor durante el trasplante capilar. Tras la intervención puede aparecer una ligera molestia o sensibilidad en el cuero cabelludo durante los primeros días, pero suele ser leve y se controla fácilmente con las recomendaciones médicas.
Los resultados del injerto capilar son permanentes, ya que los folículos trasplantados proceden de zonas del cuero cabelludo genéticamente resistentes a la caída. Una vez implantados, continúan creciendo de forma natural durante toda la vida, aunque el cabello original no trasplantado puede seguir evolucionando con el tiempo.